A 40 años de una guerra que no debía ser
- autoconvocadosjxc
- 2 abr 2022
- 3 min de lectura
Cada 2 de abril, desde hace cuatro décadas, se fortalece el vínculo de los argentinos con la cuestión Malvinas. Cada 2 de abril, desde hace cuarenta años, recordamos a los héroes que quedaron en aquellas tierras y a los que regresaron pero siguieron anclados en aquel conflicto. A todos nos embarga un sublime sentimiento de pertenencia y estamos seguros, sin ningún tipo de dudas, de nuestros derechos soberanos sobre aquellos territorios australes. Sin embargo, no debemos olvidar que nuestras aspiraciones sobre la soberanía sobre Malvinas recibió un fuerte respaldo con la Resolución 2065 de las Naciones Unidas, en diciembre de 1965, que reconocía “la existencia de una disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, entre el Reino Unido y la República Argentina”, eliminando cualquier posibilidad de considerar que en esos territorios se pudiera considerar la autodeterminación de la población malvinense. Esa resolución, ideada por el canciller del gobierno de Arturo Illia, Miguel Ángel Zavala Ortíz, fue votada en positivo por 94 países, con 14 abstenciones y ningún voto en contra. Tenía como antecedente una resolución anterior (14 de diciembre de 1960) inspirada en el anhelo de poner fin al colonialismo en todas sus partes y sus formas. Quizás esta introducción nos ayude a pensar para qué sirvió la guerra de 1982. ¿Nos trajo algún beneficio? ¿Nos acercó a una solución sobre el conflicto? Estimamos que a ambas preguntas la respuesta es negativa. Nos dejó una generación, quizás no toda, con graves problemas tantos sociales, familiares o de salud. Se utilizó ese sentimiento inalienable que tenemos sobre Malvinas para llevarnos a una guerra que buscaba primordialmente blanquear, y perpetrarse en el poder, a una criminal dictadura que avasalló todo tipo de derechos y se aprovechó de una sentimiento altruista para encubrir su deplorable accionar contra los argentinos.
Todos reconocemos y es nuestro objetivo indeclinable recuperar las islas. Hablar de aquellos que regresaron de la guerra, aquellos chicos de la guerra, es difícil, porque para muchos el dolor sigue presente. Tengamos en cuenta que en el archipiélago quedaron más de 650 muertos y tras el conflicto, por distintas razones, en especial el suicidio, fallecieron otros tantos. Como vemos tras el conflicto también se produjo un abandono por parte del estado de los ex combatientes.
Considerando todas estas cuestiones y recordando las ideas de Raúl Alfonsín sobre la paz y la vida, nuestras islas serán recuperadas sin violencia. Por eso para aquellos que nacimos para la democracia en 1983, o poco después, las ideas de aquel hombre se hicieron carne en nosotros. Por eso “somos la vida somos la paz” y con ellas en mente las debemos aplicar en nuestra vida y en nuestra democracia. También debemos recordar que Alfonsín fue unos de los pocos que no apoyó aquella aventura bélica y no se prestó para estar en plaza de Mayo aquel 2 de abril, en el que se utilizó un deseo del pueblo para salvar una dictadura que se estaba terminando de la peor manera.
Ya pasaron 40 años y las heridas siguen abiertas. Y hoy siguen vigentes en nuestros veteranos las estrofas de la famosa canción de Alejandro Lerner, “La Isla de la buena memoria”:
Madre me voy a la isla, no se contra quien pelear / Tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá
Desde que llegué a la isla no tengo con quién hablar / Somos miles los unidos por la misma soledad.
No hay hermanos ni soldados, ya no hay jueces ni jurados, sólo hay una guerra más... y cada vez hay menos paz





Comentarios